El hombre de traje rayado

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    • El hombre de traje rayado

      El hombre de traje rayado sacó su bolígrafo y nuevamente empezó a escribir que, en aquella sala de descanso de ambiente melancólico, John y Merci se encontraban rodeados de un profundo silencio donde hacían ecos sus pensamientos.
      Por la puerta se presentó un hombre que compartía la misma vestimenta. Un hombre que no era ni muy joven, ni muy viejo, ni tan alto, ni tan bajo. Y con un gran sentido del deber miró a sus compañeros.

      -Llegó la hora – dijo Ludon con firmeza

      John y Merci tragaron saliva, inseguros de lo que harían, dieron un pésame y ambos se levantaron de sus sillas para escoltar a Ludon.
      Caminaron por el largo y silencioso pasillo, el frío que quemaba en sus rostros y el hecho de que sólo era iluminado por ya gastados focos que colgaban del techo, no hacían más que darle un aspecto aún más lúgubre a las instalaciones.
      Paso a paso los oficiales se dirigían hacia la última celda, en su interior: el último prisionero, que, con calma, escuchaba los pasos que se oían cada vez más cerca, hasta que finalmente se presentaron ante él aquellas personas.
      Sin decir palabras, el prisionero fue acompañado en el viaje de retorno por el pasillo hasta una habitación donde lo ataron, vendaron sus ojos y colocaron un frío casco de metal para cubrir su cabeza.
      Sosteniendo el interruptor, Ludon citó las razones de tal destino, y le hizo la última pregunta.

      -¿Tiene unas últimas palabras para decir?

      Ante el silencio de aquel hombre de traje rayado, Ludon bajó la palanca.



      Nota: aquí también se agradecen los comentarios y sugerencias.
      (Te debo una firma.
      Ahora sin amor </3, Kuningas)

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